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Lun, May

De Maduro a Falcón !me quedo con Nicolás! // Por: Orlando Viera-Blanco @ovierablanco

Opinion

“La perversión de este modelo revolucionario es que desmantelando al pais, creen monopolizar la movilización social”

Cualquier análisis que hagamos sobre un actor de poder y sus circunstancias, tiene que comportar la premisa básica de no subestimar sus cualidades. En “El príncipe”, Maquiavelo nos plantea como un hombre debe actuar para concebir el poder. Entre sus planteamientos hay algunos que desde un enfoque ético y moral no son aceptables. Sin embargo no pierden vigencia cuando “el principado” atraviesa momentos de debilidad y abyección, donde con la guerra se restaura el orden y la traición, es el medio para lograr el fin: el poder.

No discuto si Maduro ha leído “El príncipe” de Niccolo Macchiavelli. Sin saberlo parte de su accionar político deriva de las sugerencias amorales del Florentino (quien a cuenta del poder poco le importa lo ético). Pero quien sí ha revisado las líneas del renacentista, como de otros clásicos sobre la justificación de las rebeliones (Calvino, Locke, Altusio, Martin Lutero, Rousseau) es Fidel Castro. Sabemos de las carencias de Maduro. Pero lo que deseo es hablar de sus “habilidades”, mismas que Maquiavelo trata de debilidades. “Las habilidades y la constancia son las debilidades del príncipe” decía Niccolo… Maduro no llega al poder con el entusiasmo popular. Tampoco por un orden de suceder constitucional. El pueblo le votó por orden de Chávez. Pero carece del carisma y empatía del vástago/descendiente de Maisanta. Entonces a Maduro no le quedó más que imitarlo. Y en esto ha resultado “ingenioso”. No sólo remedando gestos, tonos o muecas, sino aspectos maquiavélicos de la acción política del comandante. El lenguaje guerrerista -decíamos- es una práctica recurrente para aglutinar en contra del imperio invasor y justificar la ineficiencia en el manejo del Estado. Maduro además no es militar (si acaso miliciano), y la única manera de llenar ese vacío, es hacer filas en defensas de la revolución, pero también pasar por “las ristras” a quienes “traicionen” el proceso. En esto los Castro son medievales… Otra de “las dotes” de Maduro, es su determinación para demoler las fuerzas del oponente aun cuando ello suponga demoler al país. No importa si el oponente es o no chavista. De tal manera que tanto destruye los grupos económicos de antes, como las nuevas elites, por considerarlo sombra que le resta control sobre el pueblo. La perversión de este modelo revolucionario es que anulándolo todo, desmantelando todo, depauperando el país, creen monopolizar la movilización social y hacen depender el bolsillo y la vida misma, al Estado gendarme. Aquí aplica la consigna de Niccolo que dice: “un príncipe, a la hora de gobernar tiene que ingeniárselas para debilitar a los que tienen mucho poder y que te puedan causar problemas en tu mandato”.

Hay que tener cuidado en agitar las torpezas de Maduro. No es que sepa lo que hace. Pero sí sabe lo que no debe hacer. Y en eso también imita a Chávez. Maduro deja correr a sus enemigos. No los enlaza de inmediato. Los entrampa y después los reprime. Como el zorro al león. Pura entelequia Bacardi… Dejar desfilar a los corruptos de la propia manada. Porque lo que no acaban de comprender muchos rojos-rojitos (ergo Ramírez), es que en el terreno del privilegio, la riqueza, el lujo y la lujuria, el príncipe es el único rey. No es descabellado decir que Maduro celebra las sanciones de Obama. Y cuidado si le pasa información… En todo caso, Venezuela está siendo sistemática y sistémicamente desalojada. Sistemática porque lo hacen selectiva y recurrentemente. Sus talentos, empresas, infraestructuras y capitales. Es el caos como plan… Sistémicamente porque es una táctica de dominio material y colectivo. De los recursos y de los hijos de la patria. Y en este sentido Maduro sigue un guión que desconoce, que no mide, pero ejecuta cumpliendo órdenes de la isla. Esa es la diferencia con Chávez, quien no iba tan lejos en el guión represivo, porque sabía negociar (humilde y abyecto en la adversidad, como lo manda Niccolo, y contaba con divisas. Por sustituir el paredón por un reparto más a lo interno que con Cuba son insaciables), los Castro se lo llevaron. Y lo que aprendió Maduro es que con Dios no se gobierna, sino sólo con Fidel. Más sí”el príncipe no goza del favor popular ni de la amistad de pueblo” (op.cit). Así a Maduro no le queda otra, que guerrear y usar la traición, como segueta.

A “la oposición” que personifica Henri Falcón, también le tengo una reflexión final. Ya que tanto se ufana frente a Obama y tanta simpatía le tiene a Fidel, le cito una de las notables sentencias usadas por Castro, como reo de rebelión en su obra, La historia me absolverá. “Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas y permite que pisen el país en que nació, no es un hombre honrado”. Maduro -sin duda- ha sido mejor alumno de Fidel que Ud., por lo que entre las formas de Maduro y las de Falcón o Sánchez, me quedo con las de Nicolás… (Maquiavelo). Las de aquél son amorales y pragmáticas. Las de Falcón, Sánchez y su MUD, son serviles y adulantes. Y sépase que el lacayo, jamás come ni se sienta, en el trono del príncipe.

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