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La formación de la ciudad. Primeras esquinas

La formación de la ciudad. Primeras esquinas

Observando el plano de la ciudad de Caracas de don Juan de Pimentel, aparece la Plaza Mayor o Plaza de Armas como el centro de la ciudad. Fue delineada desde los primeros tiempos. A su derredor comenzaron a aparecer los primeros edificios que se elevaron en la ciudad. Entre ellos estaban el Palacio de los Gobernadores, muy amplio y aireado, la Cárcel Real, levantada en el sitio que hoy ocupa la Casa Amarilla; en el ángulo noroeste estuvo el Cuartel o Guardia Principal que da nombre a la esquina hasta nuestros días. Este fortín era de dos pisos: el de arriba para los oficiales y el de abajo para los soldados que guardaban la ciudad de las incursiones piratas, muy frecuentes en aquellos tiempos.

Desde estos cuatro principales puntos la ciudad se fue extendiendo. De sus calles más céntricas partían los caminos reales que comunicaban con las regiones del Tuy, los valles de Aragua, Barlovento, etc.

Algunos cronistas afirman que Caracas, en sus comienzos, fue una plaza militar, pues sus fundadores y vecinos estaban rodeados de tribus guerreras y valientes que amenazaban a la nueva población allí establecida. Los españoles con el fin de resguardar la ciudad, que iba creciendo, de las incursiones filibusteras, sembraron fortines a todo lo largo del camino de La Guaira.

En la hoy tan conocida y céntrica esquina de Reducto, los españoles libraron una encarnizada batalla con el indio Tamanaco. El historiador Oviedo y Baños llama aquel sitio Batalla del Guaire, porque “en aquel ‛reducto’ Tamanaco, oculto entre las matas con los más esforzados gandules de su séquito, esperaba sólo la ocasión de manifestar su bizarría a impulsos de su valor”. Y el mismo historiador dice que “después de muerto, el cadáver en la conciencia de los españoles los poseyó de una SOMBRA REPENTINA, que avergonzados los puso en derrota...”.

Por los años de 1760 visitó Caracas don Isidro Romero y Ceballos, quien luego escribió un “diario” y en él hace una curiosa descripción de la ciudad:

“Caracas está colocada sobre una espaciosa y dilatada llanura de tierra roja y de color cerúleo, que termina a una legua de distancia por todas partes al pie de vastas montañas altas y empinadas que corren alrededor en forma de cerca. Tiene su altura avanzada al norte del ecuador diez grados y medio, según la tabla más moderna; su temperamento es frío, húmedo y muy propenso a turbarse con nieblas en la estación de primavera; padece secas y pestes, que se suceden de tiempo en tiempo, como los temblores de tierra.

A pesar de ello se goza de aires sanos y buenos; y esta circunstancia atrae a muchas gentes a establecerse en su rico comercio; su población pasa de 15.000 vecinos, los más españoles, siendo poco más de la tercera parte mulatos, negros e indios, fuera de los que trabajan en las haciendas y trapiches.”

También refiere el señor Romero y Ceballos que la población fue fundada por Francisco Fajardo en 1560 y que el nombre de Caracas que tiene esta gran ciudad

“... trae una etimología de unos indios así llamados que habitan en su cantón y los circunvecinos de quienes dice Herrera que eran osados y valientes guerreros que nunca rehusaron dar batalla cuerpo a cuerpo a los españoles hasta morir o vencer.

Llamábase por nombre esta ciudad Santiago de León, y fue el primero que tuvo, mas oí que está tan olvidado que no se le conoce sino con el de Caracas, que es propiamente el de toda la provincia.

A las ventajas que tiene por su situación esta célebre ciudad añade las de tener unas calles las más bien delineadas del mundo; ellas son largas, anchas y tan derechas que desde una boca calle se pasea la vista en línea recta por toda la ciudad desde un costado a otro, y todas están en forma de cruces que forman cuatro esquinas muy iguales y si en todas unánimemente no se conforman estas circunstancias es porque alguna plaza o convento lo estorba.

Toda la ciudad es abierta sin ningún género de muros y los edificios generalmente son bajos y construidos de adobes de tierra; sin embargo, son bastante fuertes, y hay algunas casas que los caminos que tienen que atravesar son ásperos y de más de dos leguas; el palacio obispal es de cantería, las casas consistoriales, almacenes y factorías de la Real Compañía Guipuzcoana, la santa iglesia que es obra muy vasta y casi todos los templos. La plaza mayor que está delante de la catedral tiene más de 200 varas en cuadro, su piso está más bajo que el de dicha santa iglesia unas tres varas, pero se baja por dos escaleras que tiene, con simetría, a los lados, estando lo demás con baranda de hierro y en ella, a trechos, faroles; esta especie de calzada corresponde también al costado izquierdo; caminando hacia la iglesia y del mismo modo tiene sus gradillas o escaleras para bajar; los dos costados restantes son unos altos portales de cantería azul, muy fina, que sirven para vender debajo de ellos todo género de comestibles y por las espaldas para muchas tiendas de todo género de ropas y mercería; se entra a estos dos costados por tres hermosos arcos a pasadizos de un piso igual a la calle y a la misma plaza; tiene seis conventos, dos de monjas de la Concepción y Carmelitas y tres (sic) de religiosos, Mercenarios, Dominicos, Franciscanos y Trinitarios, un colegio que fue de jesuitas, un seminario, tres parroquias y dos hospitales, con varias ermitas; la protectora de esta ciudad es Nuestra Señora de Copacabana (aparecida) a quien ocurren en sus necesidades como a su remediadora los habitantes y naturales; éstos son muy hábiles y guerreros; tienen muchas fuentes públicas e innumerables en las casas de que se valen para fecundizar los deleitosos y apacibles jardines que tiene para su recreo y para el público no faltan lagunas que se hacen por el invierno en que se echan barcas llenas de flámulas, ejecutándose varias empresas marítimas con mucha destreza, acierto y general aprobación y varias huertas de frutales y bosques silvestres que ofrecen todo el deleite que puede desear la vista.

Baña sus arrabales el río Guaire, que tiene su nacimiento tres leguas al sureste de Caracas junto al curato de Antímano, al pie de las serranías que atravesando treinta leguas de costa y tomando una dirección la tierra dentro hacia el sur llegan hasta Barquisimeto; al llegar a Caracas hace un recodo caminando de oriente a poniente que no dura más de media legua porque al instante hace otro recodo dirigiéndose nueve leguas al lesueste hasta desembocar en el Tuy, pero antes se le unen varios arroyuelos que lo hacen rico y corpulento; pasando por la ciudad es el grueso de sus aguas mediano y se observa que casi siempre corre rojo y revuelto, pero sin mayor ímpetu y violencia sino es en el invierno por las muchas aguas que le entran por las muchas serranías y cumbres, su fondo es de arena menuda y guijarro; algunos pretenden que el agua de este río tiene virtud tan poderosa que anima al instante un pelo haciéndolo culebra, si se le arroja en sus aguas; sus riberas son amenísimas y están llenas de huertos, carrizales, bosquecillos, sotos y prados.

Esta ciudad es la metrópoli del obispado de Caracas, sufragáneo del arzobispado de Santo Domingo.”

En su Crónica de Caracas el cronista Arístides Rojas expresa que la Caracas del obispo Diez Madroñero (1757-1769) era muy reducida. Se había construido la iglesia de Candelaria, el convento de las Mercedes y la plaza; los puentes de La Pastora y de la Trinidad no estaban terminados todavía y la parroquia de San Juan era un erial, lo mismo que las de San Pablo y Candelaria. El templo de La Pastora era una pequeña ermita, lo mismo que la iglesia de Santa Rosalía, situadas ambas en las afueras de la ciudad. Como es sabido, el centro de la ciudad se había formado alrededor de la Plaza Mayor y sus 24 manzanas primitivas.

 

LAS ESQUINAS DE CARACAS

Carmen Clemente Travieso

Los Libros de El Nacional

Caracas, 2007

 

 

Fuente  http://goo.gl/rqHx1G

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