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Los jesuitas en el imaginario popular venezolano

Los jesuitas en el imaginario popular venezolano
Los jesuitas en el imaginario popular venezolano
Los jesuitas en el imaginario popular venezolano

“A pesar del justo temor que todos tenemos a los sucesores de Pedro de Arbués y su magnífica llave Torquemada y no obstante lo feo que será ir a achicharrarse al infierno, como dicen los jesuitas, no me privo de leer el simpático y jacarandoso Fantoches”

(Fantoches, 28 de mayo de 1936)

La Iglesia venezolana, que sobrevive a la larga Guerra de Independencia, se presenta, en el período republicano, como una institución fuertemente golpeada, débil, fragmentada, incomunicada de la Santa Sede, con un clero bastante ortodoxo y desmoralizado, y además enfrentado con los nuevos gobiernos. La naciente república es laica y  los sucesivos gobernantes llamados “liberales”, marcadamente anticlericales. Este anticlericalismo es expresado libremente a través de diversos periódicos como El Venezolano, El Relámpago de Marzo y La Opinión Nacional, entre otros, los cuales crean matrices de opinión, que alimentadas con numerosa literatura sobre el tema, despiertan, en la población un rechazo manifiesto hacia ésta institución y sus órdenes religiosas, especialmente los jesuitas.

¿Por qué los jesuitas? Siguiendo las investigaciones realizadas por los sacerdotes, José del Rey Fajardo y Jesús María Aguirre, destacan la influencia que tuvieron, obras de la talla de  El Judío Errante de Eugene Sué  y Los Hermanos Kalamazov de Fedor Dostoievsky, así como  el ideario francés fundamentalmente, volteriano y jansenista, que impregnaron el ambiente intelectual de las  otrora colonias de Hispanoamérica. Una muestra de ello es el conocido decreto del presidente José Tadeo Monagas de 1848 que prohibía la admisión, en el país,  de extranjeros de ambos sexos pertenecientes a la Compañía de Jesús.

A partir del siglo XX, esta orden religiosa, de reciente restauración en el país, y sus miembros, no podrá escapar de la pluma vivificadora y mordaz de humoristas y caricaturistas venezolanos, como: Raf, Max, Ras, Medo, Job Pim, Leo, quienes hábilmente recurren a un universo simbólico para narrar o hacer valoraciones de un personaje o  hecho particular, ya que están acostumbrados a ver el devenir histórico del país, desde la acera de enfrente.

Bajo una óptica particular y creativa, nace en el imaginario popular venezolano, una forma de interpretar y cuestionar, la intervención de la Iglesia y sus ministros, específicamente, los jesuitas, en los asuntos cotidianos del país.

Una revisión  de la prensa de caricatura publicada durante los inicios del siglo pasado, revela una notoria escasez de prensa crítica e independiente, por el contrario predomina la prensa oficialista, lisonjera y alabanciosa al gobernante de turno, entiéndase Castro y Gómez, y donde la prensa independiente es sometida a la censura, el terror y la represión, reduciendo a prisión a los principales periodistas venezolanos, así como a tantos otros opositores al régimen.

Muy a pesar de lo señalado anteriormente,  a partir de 1923, circula un semanario  dirigido por el escritor, poeta y dramaturgo Leoncio Martínez Martínez (1), mejor conocido como “Leo”, quien sorteando las dificultades funda, Fantoches, periódico de referencia obligada dentro de las publicaciones humorísticas venezolanas, y “testimonio gráfico de una época” al decir de Juan Carlos Palenzuela. El carácter de su caricatura será profundamente social, ante el cerco político que impone el régimen gomecista.

Valiéndose de su ingenio y habilidad, a través de unos personajes feos y grotescos, Leoncio Martínez, muestra la Venezuela de principios del siglo pasado, marcada por serios contrastes. Por un lado, la Venezuela paupérrima, analfabeta, enferma, desnutrida, triste, y por el otro la Venezuela petrolera que avanza hacia la modernidad, la de los grandes y jugosos negocios, la de los oportunistas, aúlicos y lambicones, que permanecen cercanos al poder para no perder el tren de las licencias y canongías.

El humorista y escritor Aquiles Nazoa, describe las caricaturas de “Leo” de la forma siguiente: “De trazo grueso y brutal y con insistencia en los negros, son aquellos el auténtico retrato del pueblo venezolano de su tiempo. No hay personaje criollo de ninguna clase social que no haya sido dibujado por él con minucia y con un regusto por lo feo que llega a ser sarcástico… Una especie de conciencia de clase artística, preside su insistencia en los temas del submundo criollo con sus viejecitos enamoradizos, sus oscuros cuadros de mendicidad, sus curas gordos y rollizos y sus beatas corroñosas, imágenes deplorables de una sociedad que había degenerado en lustros de resignado sometimiento.” (2)

Conocido por su tenaz y marcado anticlericalismo, no  es de extrañar que dentro de los múltiples personajes caricaturizados por “Leo”, destaque el “curita” o “curamichate”, como el mismo los llama, que no es un sacerdote cualquiera, sino precisamente “un jesuita”; quien  forma parte de un quinteto, integrado por el “mister”, que representa al capital extranjero, el camaleón, politiquero oportunista, vestido de frac, el militar gomecista, o chopo de piedra, hombre primitivo y cruel,  y el curero, hombre con rosario en mano y aureola, que representa la derecha política. Son ellos,  los miembros de la Unión Nacional de Estudiantes, futuro partido socialcristiano Copei.


Este “curamichate” jesuita, es un personaje muy gordo, con cara de chancho satisfecho, panzón, con rostro nada amigable, de rasgos  prominentes, nariz grande, desdentado, tejita o sombrero, sotana negra que deja ver unos enormes zapatos negros muy brillantes y una gran hebilla. Los escenarios varían de acuerdo al tema y van desde la plaza, la iglesia, las calles del centro de la ciudad y el colegio. Le acompañan diversos personajes, que van desde el popular y conocido Juambimba, pasando por la viuda, la beata corroñosa, y tantos otros que dan vida a su crítica despiadada y audaz. Leo presenta a los jesuitas como oportunistas, embaucadores y mentirosos, los llama pulpos de sotana, quienes aprovechándose de su condición de religiosos, que aderezan con la entrega de novenas, estampitas, medallitas, jaculatorias, envuelven a sus fieles y terminan metiéndose en sus casas, justo a la hora del almuerzo,  o pidiendo, que cuando hagan hallaquitas, se las envíen a la sacristía. (Fantoches, Astronomía Jesuitica, mayo 28, 1936).


Por el hecho de ser españoles en su mayoría, se les acusa de derechistas y falangistas, y de aprovechar sus sermones y consejos para atacar al comunismo, corroborando la vieja expresión de que “los comunistas comen niños”. Los chistes de doble sentido,  las miradas lujuriosas, el sarcasmo, el echar barriga mientras esperan por el decreto de expulsión, el jesuita confiado y con cara de chancho satisfecho, la desconfianza hacia los jesuitas, son algunas de las imágenes recurrentes en elFantoches de Leo.

Pero, Leoncio Martínez “Leo”, no solo produjo uno de los más importantes, si no, el más importante de los periódicos de humor de su tiempo, sino que introduce un novedoso elemento en el periodismo gráfico venezolano: las tiras cómicas o historietas. Los personajes centrales, son un muñeco de madera, de larga nariz, llamado Pinocho y su inseparable perrito Petipuá, especie de pepe grillo, o de Sancho Panza, conformando una sección titulada: Vida y aventuras de Pinocho.

A través de la creación, del famoso muñeco italiano, del cuento de Carlo Collodi, recrea las desventuras de cualquier venezolano, con una ternura e ingenuidad muy especial. Un dato curioso es que estaban escritos en verso.

Sobre el particular, Aquiles Nazoa destaca lo siguiente: “Adoptó Leo al famoso muñeco de palo para ponerlo a vivir, en las páginas de Fantoches, las más divertidas aventuras. Acompañado de su perrito Petipuá, el muñeco de Leo ingresó en las tradiciones sentimentales de los venezolanos como símbolo de bondad, alegría de vivir y fe en la justicia.” (3)

El número 90 de la sección Vida y aventuras de Pinocho, correspondiente al año 1924, es dedicado, en dos entregas, a los jesuitas. En ambos episodios vemos a Pinocho el jesuita, aprovechándose de la generosidad y buen corazón de uno de sus fieles. Narra las aventuras de Pinocho el jesuita y su perrito Petipuá, quien con paciencia y salivita se apodera de las propiedades del buen señor.


En su crítica demoledora no se le escapa nadie, ni siquiera el Arzobispo de Caracas, Monseñor Rincón González, a quien Leo critica de manera abierta, cuestionando, lo que él consideraba, el silencio de la Iglesia ante los horrores del régimen. Carlos Eduardo Misle (Caremis), lo recoge de la siguiente manera: “Afirmaba Leo, que por aquellos días, se encontró un escrito de puño y letra del Ilustre Prelado, amigo del Benemérito, en el cual recomendaba una infusión de semillas de níspero para la uremia de Juan Vicente Gómez, el sátrapa que había recibido del Vaticano la orden Piana. No desaprovechó Leo este asunto para sacar de su ingenio un chispazo en juego de palabras, en la que era un criollísimo magister y adjudicó al eminente jerarca la chapa de El Arzonís pero, en lugar del Arzobispo.” (4)

Leoncio Martínez, “Leo”, a través de sus caricaturas y su fino y negro humor, muestra los rostros e hijos de una realidad, de un país, unos rostros necesariamente feos, porque cual Goya, con sus pinturas, o José Rafael Pocaterra, con sus cuentos grotescos y memorias, va a dejar para la posteridad el  testimonio de una época de horror, opresión y miseria, donde a través de la atinada creación de una serie de personajes sacados de la cotidianidad, revela el necesario contraste entre una sociedad ignorante, estrangulada por el hambre, las enfermedades, la represión, enfrentada a un poder omnímodo con sus ricachones de mirada lujuriosa, unos jefes civiles despiadados, unos extranjeros oportunistas, unos políticos cureros y unos jesuitas gordos y satisfechos, que bajo la mirada escrutadora de Leo, lejos de representar el alimento espiritual de un pueblo hambriento de justicia, y esperanza, formaron parte de esa larga comitiva que guardó silencio para la historia.

REFERENCIAS

1. Caracas (1888-1941) Humorista, periodista, dramaturgo, actor, caricaturista, poeta, publicista, compositor de piezas populares y creador y promotor del Círculo de Bellas Artes de Caracas. Trabajó como periodista en la revista cultural El Cojo ilustrado, y en los periódicos, La Voz del Pueblo, El Nuevo Diario, La Linterna Mágica y Pitorreos. Funda en 1923 el semanario Fantoches, caricaturista costumbrista y crítico literario, primero en hacer publicidad luminosa en esquinas de Caracas. Encarcelado varias veces durante los gobiernos de Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. Publica una recopilación de sus cuentos bajo el nombre de Mis Otros Fantoches. Sus poemas fueron editados luego de su muerte y una selección de sus dibujos fue reunida y publicada por Aquiles Nazoa. (Diccionario Historia de Venezuela, Fundación Polar, Vol. II, pag.844-845)

2. Aquiles Nazoa, Los humoristas de Caracas, Ediciones del Cuatricentenario de Caracas, Caracas, 1967, p.217.

3.  Ob. cit., p.22

4. Carlos Eduardo Misle, Leo, paladín de gracia y civismo, Caracas, 1988, p.84

 

Fuente  http://goo.gl/w6GprG

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