La oportunidad la pintan calva // Por: Fernando Luis Egaña

Opinion

Puede que muchos no sepan que el origen de este refrán se encuentra en la mitología romana. Pero no importa. Todos sabemos lo que quiere decir: que las oportunidades no se pueden dejar pasar, que deben aprovecharse. Y me refiero no sólo a las convocadas votaciones parlamentarias de diciembre, sino sobre todo al rechazo masivo que suscita el desgobierno de Maduro.

Resulta claro que tal rechazo presenta una oportunidad política de gran importancia. El caos venezolano está fortaleciendo una aspiración de cambio en una mayoría abrumadora del país. Ya no se trata de opiniones negativas frente al poder establecido, sino de actitudes negativas. El desencanto se está activando en repudio. Y ello se presenta de manera inusitada en densos sectores sociales que se venían identificando con el oficialismo.

En un sistema democrático relativamente normal, tal situación de reflejaría inexorablemente en cualquier consulta comicial, y muy probablemente modificaría la configuración del poder. Pero Venezuela no tiene un sistema democrático, sino un despotismo disfrazado con algunos ropajes de democracia. Entonces el principio citado no es necesariamente aplicable.

De hecho, las elecciones bajo un régimen como el imperante, no son consideradas como un medio para que se ejerza la soberanía popular, sino como un mecanismo para legitimar el despotismo. La participación en estos procesos, por ende, no puede plantearse en términos de normalidad democrática, sino como ocasiones para la movilización y expresión del descontento, y como oportunidades para promover cambios verdaderos.

Lo que está en juego, por tanto, no es si la plataforma opositora obtendrá tantos u cuantos curules. Lo que está en juego es encausar ese rechazo masivo por el camino del cambio sustancial. Y la ironía máxima es que un cambio de tal calado lo que en el fondo significa es el funcionamiento operativo de la Constitución formalmente vigente.

En las votaciones parlamentarias del 2010, se dijeron estas cosas pero el prometido cambio no se materializó. La energía inicial de la bancada opositora se fue disolviendo poco a poco, ante el despotismo brutal y siniestro del poder hegemónico. Ahora en el 2015, no debería pasar lo mismo. Y ello por la sencilla razón de que por lo menos el 80% de la población no quiere que Venezuela siga como va.

Sí, la oportunidad la pintan calva. No es una ilusión. Es una oportunidad real. No se la debe dejar pasar. Hay que aprovecharla. El conjunto del país así lo espera.

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