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El socialismo se refiere tanto a un conjunto de doctrinas como a movimientos políticos que aspiran a llevarlas a la práctica. Aunque los aspectos doctrinarios hunden lejos sus raíces, en la temprana historia del socialismo, en la historia posterior  los movimientos han predominado sobre la doctrina. Tanto es así, que no existe un canon preciso con el cual concuerden los varios seguidores de los movimientos socialistas contemporáneos .Lo más que puede decirse es que el socialismo, según palabras de Charles Anthony Raven Crosland (29 Agosto 1918 – 19 Febrero 1977), o C.A.R. Crosland, un político del Partido Laborista y autor de varias obras, “es un conjunto de valores, o aspiraciones, que los socialistas desean incorporar a la organización de la sociedad”.

Es posible vislumbrar ideas del moderno socialismo desde tiempos tan remotos como  el de Hesíodo, contemporáneo de Homero ( siglo VII a.C.), en su poema “Los trabajos y los días”, donde ensalzaba una mítica Edad de Oro en la que las personas no actuaban movidas por la “vergonzosa ansia de lucro”, en la que habría abundancia de bienes para repartir entre todos y en la que la humanidad viviría en una paz perpetua. Tema de la Edad de Oro resonaría también en la obra de los poetas romanos Virgilio y Ovidio; el primero, en una de sus Bucólicas, habla de de la llegada del Mesías. En su Divina Comedia, Dante lo convirtió en su guía a través del Infierno y el Purgatorio, y le consideró su maestro. Ovidio, en Las metamorfosis ( 8 d.C.), habla del tiempo en el que el mundo no sabría nada de “postes ni de vallas de limitadoes”.

Fue en Platón donde el ideal socialista adquirió su primera formulación teórica, tano en La República como en Las Leyes. En la primera, hablando por boca de Sócrates,  Platón situaba la raíz de las discordias y de la guerra en la propiedad. En Las Leyes Platón vislumbraba una sociedad que no solo personas compartían todas sus posesiones terrenales, sino en la que también […]“lo privado y lo individual han desparecido completamente de la vida…” Aristóteles cuestionó que tal utopía comunista  trajera realmente la paz social, basándose en que las personas que tienen cosas en común son más propensas a reñir que quienes las poseen en régimen de propiedad privada. Además, afirmaba, la raíz de la discordia social no se halla en las pertenencias materiales, sino en el anhelo de poseerlas: “No es la posesión, sino los deseos de la humanidad lo que es necesario igualar”.

No obstante la profusa literatura utópica de Renacimiento (Tomás Moro: Utopía,  1516, Tomaso Campanella: La ciudad del Sol , 1602), Francis Bacon: Nueva Atlántida: 1626),en realidad fue a partir de la Ilustración o  Siglo de las Luces (siglo XVIII), cuando sos pensadores de la sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construir un mundo mejor. Seguidamente varios escritores, se dieron a la tarea de reflexionar sobre las deplorables condiciones económicas y sociales, así como sus efectos sobre los trabajadores, obreros en su mayoría, que trajo consigo la Revolución Industrial, un vez que el liberalismo hubo sucumbido a los efectos perversos de la industrialización inglesa. Dirigieron sus críticas demoledoras contra lo que ellos concebían como injusticias, las desigualdades, el sufrimiento por el modo capitalista de producción, y el mercado libre y sin control que le servía de base. Oponían al individualismo codicioso y acaparador de su época, la visión de una nueva comunidad de productores ligados entre sí por una solidaridad fraternal. Concebían un futuro en el cual las masas arrancarían a los capitalistas el control de los medios de producción, así como las palancas el gobierno.

A pesar de que, en los siglos  XIX y XX, la gran mayoría de quienes se consideraban socialistas compartían esta visión, discrepaban sobre sus ideas más específicas. Algunos argüían que la sola nacionalización completa de los medios de producción sería suficiente para instrumentar sus aspiraciones. Otros proponían la nacionalización selectiva de las industrias clave, conservando control sobre la propiedad privada del resto. Algunos socialistas insisten en que solo una dirección estatal fuertemente centralizada, y una economía dirigida, serían eficientes. Otros invocaban un “socialismo de mercado” e la cual la economía estuviese dirigida y conducida por planificadores socialistas. Esta es la conclusión a la que se llegó en China, en 1978, después de las reformas de Deng Xiaoping, y en 1987, Vo Chi Cong proclamó, en clara imitación de China, reformas económicas, sólo económicas.

El sociólogo germano-mexicano, Heinz Dieterich Steffan, publicó un su libro titulado El socialismo del siglo XXI, (1996, Editorial GegenStandpunkt, Múnich), originalmente asesor de Chávez. Sus dos puntos principales son: Calidad científica y carácter de clase de la teoría

A su juicio por las condiciones presentes en el actual mundo globalizado, esta transición será bastante prolongada. Dentro de este concepto sería definitivamente el socialismo el camino a seguir, contrario al neoliberalismo.

Hay varios factores que explican por qué los sistemas de contención ideológica del Capital fallaron. El primero es la calidad científica de la teoría que se le oponían, y que constituye el núcleo cognitivo de la transformación hacia el Socialismo del Siglo XXI, el cual se nutre de tres mil años de experiencia social y doscientos años de ciencia económica.

La calidad epistemológica de la teoría se complementa con su carácter de clase, cuyos tres teoremas constitutivos lo definen como un modelo inconfundiblemente anticapitalista: a) la apropiación del ciento por ciento del valor por los trabajadores, menos fondos de inversión y fondos sociales; b) el intercambio por equivalencias y, c) la democracia participativa. Esa identidad es lo suficientemente concreta para vincularse con la realidad burguesa contemporánea -lo que es vital para hacer alianzas políticas- pero, imposibilita confundirla con cualquier proyecto reformista, socialista-tradicional o sectario “de izquierda”.

En cuanto al intercambio de equivalentes (o economía equivalente), dice Dieterich: Equivalencia viene, por una parte, de valor, que entendemos por cantidad de tiempo. Lo que importa aquí es cantidad, no importa el trabajo concreto. Lo importante es el tiempo de trabajo que necesitas para producir esos valores. Por otra parte, equivalencia significa valores iguales. Una economía de equivalencias es una economía en la cual los intercambios y las gratificaciones de los sujetos económicos se hacen sobre valores iguales, es decir, sobre esfuerzos laborales, cantidades de trabajo aportados a la generación de la riqueza social. Y en esto radica la justicia. Recordemos que Marx diferenciaba netamente entre el trabajo concreto –el del obrero en su fábrica y el trabajo abstracto, es decir, el valor, cuya cantidad viene dada  por el tiempo de trabajo socialmente necesaria-. Nótese que para Dieterich es indiferente la calidad del trabajo, y si es o no un valor abstracto. Esto es contrario a las tesis de Marx, que también son contradictorias porque, ¿cómo puede socializarse el trabajo concreto, es decir, abstractisarse y convertirse en valor sino es otra vez del mercado? Por último Dieterich al igual que otros de su corriente, no traza ningún programa de acción concreta, que es donde residen las más grandes diferencias.

Los socialistas también han estado en desacuerdo acerca de la mejor manera de gobernar la buena sociedad. Algunos sostienen la dirección por el gobierno. Otros abogan por la dispersión y la descentralización mayores posibles, delegando la toma de decisiones a estados, municipios o comunidades autogobernada de productores (comunas). Otros confían en las juntas gubernamentales de planificación. Aunque todos los socialistas desean realizar una distribución del ingreso más equitativa, otros aspiran  a una absoluta igualdad de ingreso, mientras que otros aspiran a asegurar un ingreso adecuado para todos, permitiendo que diferentes ocupaciones reciban distintas remuneraciones.

Inspirándose en Marx el grito de batalla de los socialistas “a cada cual según sus necesidades”, pero muchos de ellos optarían por una sociedad en la cual cada quien sea remunerado de acuerdo a su contribución al producto social, siempre y cuando esa sociedad asegure a todos los ciudadanos mínimos niveles de vivienda, vestido, nutrición, educación, salud, transporte y recreación.

El distinguido colega Víctor Álvarez, del PSUV (La Razón, 06/07/14), a una respuesta de la periodista, sostiene “la economía socialista, basada en nuevas formas de propiedad social bajo control de los  trabajadores directos, que se rija por el principio ‘de cada quien su capacidad y a cada quien según su trabajo’, que invierte los excedentes en función de los trabajadores y de la comunidad es un objetivo que no se ha logrado. Lo que hay son empresas estatizadas que reproducen la misma lógica explotadora del ser humano y depredadora del ambiente, con el agravante que ahora producen menos y, sin embargo, soportan las exigencias del pago de ‘bonos de productividad’ y reparto de ‘utilidades’, cuando lo que están es generando pérdidas. En lugar de construir el nuevo socialismo del siglo XXI, se ha reeditado el intento fallido de crear una economía socialista basada en la propiedad estatal sobre los medios de producción. Y, como era de esperar, la mayoría de las empresas estatizadas no ha arrojado los resultados deseados. Para muestra un botón: Sidor (…). Esto revela que el modelo no funciona bien y por lo tanto hay que revisarlo y rectificarlo”. El buen colega Álvarez es preciso al señalar las medidas que son urgentes, pero no examina críticamente el socialismo que él define. En efecto cuando dice “de cada quien su capacidad”, ¿no está aceptando que entre los trabajadores hay distintas capacidades, innatas o adquiridas que inciden en la productividad?; cuando dice ‘a cada quien según su trabajo’ ¿a qué tipo y calidad de trabajo se refiere? Marx distinguí, simplificando, ente trabajo simple y trabajo complejo, lo cual está bien en un tratamiento teórico o sintético, pero sabemos que en realidad el mundo del trabajo es infinitamente heterogéneo y, en esas condiciones ¿cómo distribuir según su trabajo sin cometer injusticias?

Los socialistas también proclaman la necesidad de una mayor igualdad de derecho para todos los ciudadanos, y por una nivelación de los estratos sociales. Sin embargo, están en descuerdo sobre si diferentes estratos deben ser erradicados enteramente o si, en la práctica puede permitirse alguna desigualdad en el poder de toma de decisiones para que persista la comunidad.

Todos sabemos que Hugo Chávez adopto y difundió precipitadamente la tesis del Socialismo del Siglo XXI. Expresó “Hemos asumido el compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo y contribuir a la senda del socialismo, un socialismo del siglo XXI que se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad” en un discurso a mediados de 2006. Además, este socialismo no está predefinido. Más bien, dijo Chávez “debemos transformar el modo de capital y avanzar hacia un nuevo socialismo que se debe construir cada día".

Claramente Chávez se movía al vaivén de las circunstancias políticas, y atendía principalmente a tomar las medidas que lo perpetuaran en el poder. A esto subordinó toda la política económica y toda su actividad bajo diferentes asesoramientos, en los que predominaron los Castros, trató de evitar un socialismo estatizado y de darle mayor importancia al poder comunal. Nunca lo logró. En su programa llamado Plan de la Patria presentado para las elecciones de octubre de 2013, se puede distinguir un fuerte poder, el del Estado  contrapuesto a un poder popular, que diseñó y nunca consolidó. Aspiraba a que en el 2013 existiesen 3.000 comunas socialistas, donde harían vida 4.680 familias, lo que representaría 21.060.000 ciudadanos,  lo que significarían que la casi totalidad de la población del país  vivirían en sistemas de agregación de comunas.

Los usos y abusos de la palabra socialismo forman una legión. Friedrich Engels se quejaba de que el socialismo de muchos alemanes era ‘vago, indefinido e indefinible’. Desde los días de Engels la palabra socialismo ha sido propiedad de todo el que quiera utilizarla para fines populistas. Algunos ejemplo: Bismarck declaró una vez: “El Estado debe introducir aun mas socialismo en nuestro Reich”. Los fascistas y nacionalsocialistas con frecuencia proclamaron que ellos estaban construyendo el socialismo. Agregue usted a Stalin, Mao, Kim Il Sung, Pol Pot, los hermanos Castros y … Hugo Chávez Frías. Ese es su legado. 

Fuente  http://goo.gl/fUzQSK

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