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Cuba es un carnaval sin fiesta: una herejía

Herejes se llama el nuevo libro de Leonardo Padura, terminado de  escribir el año pasado y el que llegó a mis manos gracias a mi compañero y amigo Rubén Limas Telles, quien vino cargando con esa petición, sin “pisar”, desde Madrid hace pocas semanas. Lo leí con gran entusiasmo, pues me identifico con este portentoso intelectual cubano, porque no se trata de un “gusano” batistero cualquiera, sino un hombre honesto que sigue viviendo, con el mayor coraje, en su sufrida patria. Algo debe haber cambiado en Cuba ya que siendo tan crítico le otorgaron el Premio de Nacional de Literatura en 2012, algo impensable en la tiranía del pensamiento único, hasta hace muy poco tiempo.

En el libro Herejes vemos en su contraportada una breve síntesis, sobre la novela, que no lo dice todo: “En 1939, el SS Saint Louis, en el que viajaban novecientos judíos que habían logrado huir de Alemania, pasó varias días fondeado frente a La Habana en espera de que se autorizara el desembarco de los refugiados. El niño Daniel Kaminsky y su tío aguardaron en el muelle a que descendieran sus familiares, confiados en que estos utilizarían ante los funcionarios el tesoro que portaban a escondidas: un pequeño lienzo de Rembrandt que pertenecía a los Kaminsky desde el siglo XVII. Pero el plan fracasó y el barco regresó a Alemania, llevándose consigo las esperanzas de reencuentro”. Esta parte del libro, cuenta la historia de la terrible realidad de la persecución totalitaria nazi contra los judíos, pero en esta  síntesis afirmo que no se dice todo, porque Padura nos tiene acostumbrados a narrar en dos y tres tiempos y lo allí sintetizado sólo se refiere a una parte de la historia.

Hay otra, donde va narrando – a través de la investigación sobre la muerte violenta de una joven - las vicisitudes de la población cubana de hoy día, que soporta otro tipo de totalitarismo, de  la generación suya y la de los jóvenes que surgen, quienes perdieron todo ilusión por la utopía comunista. Y se pregunta su personaje, Mario Conde, que es el mismísimo Padura: ¿Qué lo preocupa entonces? ¿Qué el país se desintegraba a ojos vistas y se aceleraba su conversión en otro país, más parecido que nunca a la valla de gallos con la que solía comparar el mundo su abuelo Rufino? A ese respecto, él no podía hacer nada; peor aún, no le permitían hacer nada. ¿Le preocupaba que él y todos sus amigos se estuvieran poniendo viejos y siguieran sin nada en las manos, como siempre habían estado, o con menos de lo que antes habían estado, pues se les habían perdido incluso las ilusiones, la fe, muchas de las esperanzas prometidas por años y, por descontado la juventud?

Y en relación a la jóvenes cubanos en la actualidad, afirma, entre otras muchas verdades desgarradoras, que “(…) Los desastres de los cuales esos muchachos habían sido testigos y víctimas engendraron a unos individuos decididos a alejarse de todo compromiso y crear sus propias comunidades, espacios reducidos en donde se hallaban a sí mismos, lejos, muy lejos, de las retóricas de triunfos, sacrificios, nuevos comienzos programados (siempre apuntando hacia el triunfo, siempre exigiendo sacrificios) por supuesto que sin contar con ellos. Lo terrible era que aquellos senderos estrechos parecían flanqueados por precipicios sin fondo, letales en muchos casos. Incluso, un componente antinatural alumbraba las búsquedas de algunos de esos jóvenes: la autoagresión por la vía de las drogas, las marcas corporales, la pretendida depresión y el rechazo; la ruptura de los tradicionales límites éticos con la práctica de un sexo promiscuo, alterno, vacío y peligroso, muchas veces exentos de emoción y sentimentalismos”.

Ese es el retrato, de cuerpo entero, de la juventud cubana actual de donde iba a salir el “hombre nuevo”, perfecto e incorruptible, de la nueva sociedad comunista que se prometió y nunca llegó. Y una última exclamación de Padura sobe la libertad: “solo vale la pena militar en la tribu que tú mismo hayas elegido libremente (…) y al tener la certeza de que tantos mesías hayan terminado convirtiéndose en manipuladores, lo único que te queda, lo único que en realidad te pertenece, es tu libertad de elección”.

Cuba, hoy día, es una herejía en un carnaval de caretas, pero sin fiesta… porque nadie elige nada ni  a nadie libremente… ni a la triste Reina de ese carnaval.  ¿Modelo para Venezuela?... ¡pregúntenle a Padura camaradas!

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@EcarriB           

Fuente  http://goo.gl/wYU6Nm

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