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Alerta de tsunami rojo

Los resultados de las elecciones internas para elegir los delegados al III Congreso del PSUV han sido catastróficos. A pesar de los flacos intentos de no dar números oficiales, se habla de 88% de abstención, una cifra altísima en cualquier proceso electoral, sobre todo después de haberse ufanado de contar con siete millones de “fieles” militantes inscritos, registrados y entubados.

Resulta alarmante el alejamiento del pueblo chavista, aun cuando el oficialismo maneja todos los organismos -ministerios, empresas públicas, incluyendo la de Guayana, gobernaciones, alcaldías, Concejos Legislativos, Cámara Municipales, y pare usted de contar- que siempre han utilizado para movilizar a los empleados de forma compulsiva mediante la coacción y el chantaje; todo ello sin mencionar a los integrantes de la Fuerza Armada, que, según la novísima doctrina del general en jefe Padrino López y la decisión del Tribunal Supremo de Justicia -de autorizar la presencia militar en marchas y mítines políticos- son parte activa de la política venezolana.  

Pues bien, esta realidad puesta de bulto el pasado domingo 20 de julio, representa mucho más de lo que a simple vista un observador desapercibido podría imaginarse. Ver a un  Diosdado Cabello en la fastidiosa y desabrida rueda de prensa de ese mismo día, leyendo los nombres de los delegados electos al gran el evento, sin dar mayores detalles fue realmente la mejor demostración del golpetazo que sufrieron de las bases chavistas y, peor aún, fueron sus balbuceantes respuestas –convertidas en galimatías- a las preguntas de algunos periodistas sobre los porcentajes y número de militantes que había votado.

En fin de cuentas, los candidatos impuestos y las luchas internas entre Maduro, Diosdado y otros dirigentes de la cúpula gobernante, amén del descontento ante la pésima gestión de gobierno y los desaciertos en materia económica y social, sin mencionar el altísimo costo de la vida y la inseguridad personal, ha hecho mella en un colectivo esperanzado que creyó, a pies juntillas, a los reiterados  cantos de sirena del finado líder único de la revolución bolivariana, pero que ahora se siente desengañado, no representado por la nueva cúpula militar-civil atornillada en Miraflores.

Ya los sondeos de opinión independientes vienen dando cuenta del desencanto de los seguidores de Chávez. La situación del país se deteriora aceleradamente, sin que se vean los correctivos por ninguna parte más allá de los anuncios de unas medidas fragmentadas que no responden a los intereses populares, sino a unos trasnochados principios dogmáticos del comunismo fracasado del siglo pasado. La corrupción de los funcionarios públicos, de los boliburgueses, chaviburgueses, bolichicos desangra al país impunemente. Las fortunas súbitas surgidas al calor de Cadivi y ahora de Cencoex, están a la vista de todos porque sus usufructuarios las exhiben sin el menor recato. 

De manera pues, que todo lo que resulte del III Congreso del PSUV estará viciado por el altísimo índice de abstención en la elección de los delegados, así como por las imposiciones desde arriba que impidieron una verdadera y efectiva participación. El daño causado es de proporciones alarmantes que puede originar -como en efecto lo estamos viendo- una rebelión interna. Ironías de quien no tiene ángel: Maduro no salió bien librado de las elecciones presidenciales y ahora al ser electo por el congreso psuvista como presidente del partido, lo perseguirá el fantasma de la deslegitimación de los delgados electos. ¿Alerta de tsunami?...

@Freddy_Lepage                     

Fuente  http://goo.gl/TlKiaL

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