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Sáb, Jul

¿Visa para una pesadilla? // Por: Antonio Barreto Sira @BarretoSira

Opinion

El Gobierno venezolano no mide los niveles de desatino de sus anuncios y decisiones. Ahora desde Miraflores toman la medida de implementar un sistema de visado para los ciudadanos estadounidenses para que visiten a Venezuela, además de prohibirle la entrada al país al expresidente George Bush, el ex vicepresidente Dick Cheney, entre otros dirigentes políticos.


Mientras el Jefe de Estado ve como el desabastecimiento sigue haciendo mella en la estabilidad económica, social y emocional de nuestra población, él prosigue una guerra ficticia e irreal contra los Estados Unidos de Norteamérica.

 ¿Será que con el visado para los gringos aparecerán los productos en los anaqueles de los expendios de alimentos? ¿Será con  que prohibirle la entrada a Bush aparecerán los tratamientos médicos para la diabetes, la hipertensión o para casos más grave como el cáncer?

Con las declaraciones destempladas y sin sentido práctico del inquilino de Miraflores se solucionará el terrible problema de la inflación y el desempleo.

¿Qué se gana con las decisiones que se vienen dando? El pueblo de a pie no obtiene ningún beneficio real y concreto, por el contrario Venezuela sigue su camino de aislamiento crónico.

Y mientras Nicolás Maduro continuaba atacando al Gobierno de los EEUU, el hijo de Fidel Castro posaba ante el lente de un teléfono celular con la artista norteamericana Paris Hilton, ¿y entonces, en qué quedamos?

El ingenio venezolano, y sobre todo del oriental, es muy descriptivo además de veloz.

Al cabo de los primeros instantes del anuncio presidencial aparecieron las reacciones de los venezolanos a través de las Redes Sociales, y muchos se preguntaron si los dirigentes políticos norteamericanos estaban tristes por no venir a hacer cola en Mercal, o chequearse con médicos cubanos en los módulos abandonados de Barrio Adentro.

Lo preocupante de esta situación es que el jefe del Gobierno en vez de estar trabajando para solucionar la crisis económica, promoviendo la inversión y reactivando el aparato productivo prosigue en su empeño trasnochado de batallar una guerra que existió en la década de los 60 y que con la caída del Muro de Berlín quedó en la historia del siglo pasado.

La guerra que tiene que librar Maduro es con el hampa desatada por todos los rincones del país, la guerra que sí existe en el país es la del desempleo; pero tanto una como la otra se enfrentan con educación e inversión y el Estado venezolano no está interesado en ninguna de las dos cosas.

Al instante que Maduro anuncia el visado para los gringos, más asesinatos se registran en el país, las peleas en las colas se llevan adelante y más anarquía se apodera de la república.

Es evidente la inoperatividad del Gobierno, no existen en el seno del régimen las condiciones necesarias, de ninguna índole, para hacerle frente a la grave realidad que estamos viviendo en el país.

La única salida que les queda es decir que hay un golpe, magnicidio o cualquier otro invento que relacione lo malo del país con los norteamericanos, Álvaro Uribe o cualquier otro chivo expiatorio que inventen los revolucionarios.

De seguro que pronto escucharemos una nueva versión de aquella frase que decía “visa para un sueño”, pero que asevere que se necesitarán “visa para una pesadilla” en alusión a la gravísima situación en la cual nos sumergió el oficialismo y sus incapacidades.