La figura del desastre // Por: Fernando Luis Egaña

Opinion

La popular tradición de la “Quema de Judas” en el Domingo de Resurrección, tuvo un personaje favorito este año: Nicolás Maduro. La razón no es difícil de entender: él personifica el desastre general en que está sumida Venezuela. No es el responsable principal, porque esa condición la tiene el predecesor, pero él es percibido como el causante o, en todo caso, como el agravante de tan crítica situación.

Nicolás Maduro ha probado ser crasamente incapaz para aliviar la mega crisis que legara Chávez, y por el contrario se ha empeñado –por acción y omisión—en profundizarla y extenderla. Eso sí, atiende con disciplina las instrucciones que recibe desde La Habana en materia de manipulación de la política, y en ese campo no le va tan mal en relación a sus intereses de continuismo. Pronto cumplirá dos años con la banda presidencial.

Todo lo que iba mal en el 2013, que era prácticamente todo, ahora va peor. Y las tímidas expectativas de un cambio de rumbo más o menos razonable o sensato, se han difuminado por completo. Mientras tanto, la corrupción se ha hecho aún más avasallante, las distorsiones económicas más delirantes, la hegemonía más despótica, y las consecuencias no se han hecho esperar en términos de más inseguridad, más violencia, más escasez, más carestía, más penuria. Se entiende, pues, lo de la Quema de Judas.

Claro, lo importante no es sólo describir la realidad, sino cambiarla. Según Maduro y los suyos, Venezuela no tiene futuro sin la “revolución”. Es decir, sin ellos en el dominio del poder. Pero es exactamente al revés. Futuro, lo que se llama futuro, progreso o desarrollo, no habrá mientras el país esté enjaulado por una hegemonía arbitraria, represiva y depredadora.

Curioso que algunas de las críticas más descarnadas a Maduro provengan del ámbito del oficialismo. Porque Jorge Giordani, por ejemplo, no forma parte de la oposición democrática. A veces da la impresión, que los sectores disidentes del oficialismo tienen más voluntad de denuncia que algunos sectores representativos de la oposición. Compare al citado Giordani con el publicitado Henri Falcón, y seguramente llegará a esa apreciación.

La figura del desastre es Nicolás Maduro. En eso no tiene par. Una mayoría muy amplia y creciente de los venezolanos así lo considera, aunque las razones para ese juicio sean variadas e incluso discrepantes. Venezuela es un desastre y ese desastre lo encarna Maduro. Todo eso tiene que cambiar para que se pueda reconstruir una democracia constitucional que le de esperanza a los venezolanos.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.