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Mar, Jun

“MISERY INDEX” // Por: Luis Eduardo Martínez Hidalgo

Opinion

La pasada semana, en vuelo de regreso de Miami a Barcelona –tras dos días de sesiones del Board de Millennia Atlantic University, que presido- me sorprendo desagradablemente al leer un reporte de Bloomberg Business en el cual se califica a Venezuela como el país más  “miserable” del mundo.  Releo con cuidado y me percato que la traducción que he hecho es demasiado literal; en realidad lo apropiado sería  el más  “desdichado”. Si bien igual me molesta, el término es digerible.

La afirmación de Bloomberg se origina en la posición que Venezuela ocupa en el último “Misery Index”: primera seguida de lejos por Argentina. El denominado “Índice de Miseria” es elaborado aplicando una fórmula acuñada por el economista norteamericano Arthur Okun que considera como variables relevantes el índice de precios y  la tasa de desempleo.

Por dos años consecutivos, los venezolanos hemos padecido la inflación más alta del planeta -56,2 % en 2013, 60,9 % en 2014, cifras oficiales disponibles en www.bcv.org- y lamentablemente todo indica que, en el 2015, el desempeño será peor con expertos estimando que pudiera superarse la barrera del 100 %, en cuanto al aumento de los precios se refiere.

Es cierto que, otra vez según cifras oficiales, la tasa del desempleo se mantiene baja pero no lo es menos que millones de trabajadores perciben salarios de hambre que apenas alcanzan para sobrevivir. A tasa SIMADI, 187,78 Bs. F/US $ al cierre del viernes 13 de Marzo, el salario mínimo vigente, que es el común en el país,  se ubica en 30,15 dólares al mes, apenas poco más de un dólar diario, que cae hasta 22,73 dólares al mes si se calcula al cambio permuta que a pesar de los esfuerzos del gobierno, es el que impera en la calle.

Según CEPAL, la línea de pobreza extrema o indigencia es de 1 dólar por día con lo cual todos aquellos que perciben salario mínimo o se ubiquen cerca, se clasifican según estándares internacionales como “indigentes”. Más vergonzoso aún, la misma CEPAL  considera en pobreza total a grupos familiares cuyos ingresos son inferiores al valor de una canasta básica de bienes y servicios, tanto alimentarios como no alimentarios; si solo la canasta alimentaria alcanzó para este 1 de Marzo Bs. F 17.572,50, ¿cuántas familias se encuentran ahora en una situación de pobreza total?

La inflación y la falta de empleos de calidad, con salarios decentes y beneficios suficientes, son dos males terribles que por sí solos justificarían  la “desdicha” de una sociedad pero en nuestro caso, dolorosamente, la lista de los padecimientos de nuestro pueblo es aún mayor.

¿Qué decir del desabastecimiento? Humillarse por horas en una cola, para comprar lo que “haiga”, experiencia inédita en la Venezuela de tiempo atrás, retrata el fracaso de políticas gubernamentales que han matado la producción nacional y afectan seriamente la capacidad de satisfacer las necesidades de la familia venezolana. Cuando no es harina pan, leche, azúcar, margarina, café, pollo que desaparecen de los anaqueles, lo es papel tóale, pañales, desodorante, jabón de baño y de lavar y para usted de contar otros rubros que también escasean. Ni que hablar de las medicinas, especialmente las indispensables para pacientes con tratamientos permanentes para la tensión, diabetes o incluso distintos tipos de cáncer.

A la par, la inseguridad que ha convertido a nuestro país en escenario sangriento de una verdadera guerra donde el malandraje aterroriza a los hombres y mujeres buenos, manteniendo a las grandes mayorías encarceladas en sus propias casas. Según el International Crime Index, que computa una docena de graves violaciones de la ley, Venezuela es el segundo país del planeta con el más elevado índice de  delitos (84.07) detrás de Sudán del Sur (85.32), una nación recién constituida donde bandas armadas se enfrentan por su control.

Si la inflación, la falta de empleos de calidad, el desabastecimiento y la inseguridad, afectan gravemente el presente, el futuro pareciera marcado por la desesperanza y la imposibilidad de movilidad social; nada más triste que toparse con la realidad de que hagas lo que hagas seguirás siendo pobre y de nada servirán tus esfuerzos por estudiar o trabajar porque lo más probable es que el mañana será más malo que hoy.

En mis recorridos por barrios y caseríos, en mi compartir en espacios universitarios o empresariales, oigo una y otra vez –en el marco de grandes desalientos- expresiones del tipo: “lo que provoca es salir corriendo” a lo que respondo,  que no, que lo que provoca es luchar por lograr un cambio positivo y alcanzar una Venezuela distinta. Y se puede, de que se puede se puede.