Sin Otto no hay mundo perfecto

Padres En Oriente

Ayer me sorprendió la noticia de que ya va a ser posible detectar con una simple muestra de sangre si un feto tiene Síndrome de Down. El laboratorio “Sequenom” afirma que la prueba, llamada “MaterniT21”, se realizaría a las 10 semanas de gestación y es 98.6% confiable. Me sorprendió no porque dude de los avances de la ciencia, sino porque  nunca antes me había pasado por la mente que mi hijo Otto podía integrar las últimas generaciones de individuos con Síndrome de Down en el mundo, pues con esta prueba de diagnóstico serán contados los casos de madres que decidan continuar con un embarazo conociendo que  traerán consigo un niño con una condición especial.

Mi conclusión no es drástica, pues hoy en día la mayoría de las madres que se someten a la amniocentesis para descartar la posibilidad de que sus hijos tengan un cromosoma extra en el par 21, así como otras anomalías genéticas,  deciden interrumpir su embarazo. Si estas son las cifras con una técnica costosa y de riesgo, como lo es la amniocentesis, no resulta nada difícil concluir que con una simple prueba de sangre definitivamente se podría hablar del fin del Síndrome de Down.

Lo que la humanidad desconoce es que se estaría acabando con la existencia de unas personas sencillamente auténticas y extraordinarias. El ser humano desea un mundo perfecto y lo busca, pero no se da cuenta que estos niños con Síndrome de Down vienen al mundo precisamente a hacerlo más humano y a darnos lecciones de vida, porque simplemente, ese mundo para que sea perfecto, tiene que incluirnos a todos con nuestras diferencias. Otto es quien hace mi mundo perfecto.

El Dr. Brian Skotko,  especialista en genética, específicamente estudioso del Síndrome de Down del Children Hospital de Boston, Massachusetts, publicó recientemente varios artículos en donde generaba controversia acerca de este nuevo test, y curiosamente planteaba que él y su equipo de trabajo realizaron encuestas a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos a casi 3000 familias que poseen un miembro con Síndrome de Down. Los resultados fueron sorprendentes. El 99% manifestó estar felices y amar a su hijo o hija con esta condición especial, el 88% de los hermanos o hermanas de un joven con dichas características, afirmaron ser mejores personas por el hecho de tener un pariente así. Y dentro de los mismos individuos con Síndrome de Down, el 99% respondió que están felices con sus vidas, y el 97% que se sentían a gusto con ellos mismos. ¿Cuántas familias y personas en el mundo pueden afirmar lo mismo?

Ayer me invadió una gran impotencia de no poder estar cerca de todas las madres que van a interrumpir sus embarazos y rechazar a un hijo con Síndrome de Down. Les suplicaría que no lo hicieran. ¿Cómo se los hago entender, cómo se los grito? Les contaría lo maravilloso que ha resultado ser Otto. Les mostraría que Dios los pone en nuestras vidas para transformarnos en personas más tolerantes y menos egoístas, más espirituales y menos materialistas, más humildes y menos soberbias, más trabajadoras y menos cómodas, más enérgicas y menos conformistas. Ni yo ni las 3000 familias encuestadas en los Estados Unidos podemos estar equivocadas, y las del resto del mundo que sé existen, y que opinan los mismo, pero no manejo las cifras ni las he encuestado personalmente. La magia de Otto es única y se extiende no sólo a sus padres y hermano, sino al resto de la familia y sus seres que le rodean. Otto es amor y ternura. Es una gran virtud tenerlo y sé que logrará una vida plena y nos contagiará siempre con sus triunfos y su particular modo de crecer y afrontar su paso por este mundo. Otto es el ser más puro que he conocido, y lo único que probablemente tiene es una manera diferente de ver la vida, pero una mejor manera: sin agresión, sin egoísmos, sin maldad, una forma más elevada, más cercana al amor. Una forma que muchos no entienden.

Yo les diría a todas esas madres que reciben el resultado positivo de la prueba “MaterniT21”, que van a ser las más orgullosas, que fueron seleccionadas para eso, que no le den la espalda a la posibilidad de ser una madre única, diferente, una mejor madre, la del corazón más grande. Les diría que no van a transcurrir sino pocas horas en que van a estar enamoradas ciegamente de su bebé especial. Es así. No existe otro modo de vivirlo. Es un amor infinito. La prueba más valiosa de que Dios existe.




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