Peor que el peor gobierno // Por: Fernando Luis Egaña

Opinion

Se dice mucho que el de Nicolás Maduro es el peor gobierno en toda la historia de Venezuela. Y esto se repite tanto en ámbitos de la oposición como del oficialismo disidente. Pero tal consideración se queda corta ante la dramática realidad. Y es que lo que encabeza Maduro no es un gobierno propiamente dicho, sino una hegemonía despótica y depredadora que sólo hace eso, despotizar y depredar. Lo peor de lo peor.

Un gobierno es una estructura institucional, política y administrativa que se dedica a resolver problemas públicos a través de políticas públicas, y a encausar el rumbo económico, social y político de un país, dentro de un marco de instituciones constitucionales. Eso tiene poco o nada que ver con la hegemonía que representa Maduro. Para ésta, el único problema público que importa es su continuismo. Y continuismo no sólo significa preservación del poder sino también su máximo aprovechamiento patrimonial.

Claro, en Venezuela hay una inercia burocrática, hay un mega-aparataje de organismos burocráticos, con varios millones de empleados públicos. Esa inercia supone que no todo esté paralizado y que se realicen actuaciones o actividades administrativas, así sean improvisadas o espasmódicas. Y ello es lo que la da impresión del mal gobierno, o del pésimo gobierno, o del peor de los gobiernos. Y es verdad. Pero no es toda la verdad.

En Venezuela hay un poder establecido de manera hegemónica, que desprecia las mediaciones institucionales –comenzando por la Constitución, pero que ha sido habilidoso en el disimulo. Hay lo que se llama una neo-dictadura o dictadura disfrazada de democracia. Con un disfraz, por cierto, cada vez más raído. Pero eso poder o esa neo-dictadura no puede confundirse con un gobierno propiamente dicho.

De hecho, una hegemonía neo-dictatorial es incompatible con el despliegue de un gobierno de verdad preocupado en encarar y superar los problemas de la población. Para la hegemonía, el pueblo es un pretexto, una excusa, carne de cañón para sus objetivos de dominio. En el caso que haya dinero, se reparte un poco, y en el caso de que falte dinero, se raciona y se reprime. En esa lógica perversa no cabe la noción de un gobierno esmerado en gobernar positivamente, así no sea, en la práctica, un buen gobierno.

Lo que Maduro pretende encarnar, es mucho peor que el peor gobierno de la historia venezolana. Lo suyo es una hegemonía destructiva que tiene al país en el suelo y, al mismo tiempo, cada vez más indignado por tan injusta situación.

flegana@gmail.com

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